Monthly Archives: octubre 2020

  • 2
Fundamentalismo o Conservadurismo

¿Fundamentalismo o Conservadurismo? Una perspectiva evangélica cubana.

En el primer momento, cuando analicé la posibilidad de escribir este artículo, quise titularlo: “Liberalismo protestante”, debido a que, la tendencia de definir (muchas veces de manera peyorativa) a grupos evangélicos con los términos de “fundamentalistas” o “conservadores”, viene precisamente de aquellos individuos que representan intelectual o religiosamente a teologías de corte liberal. Pero como el sentido de este artículo es más bien aclarar y no confundir, no quise dejar todo el espacio al fenómeno “protestante liberal”. De manera que, centraré mayormente mi atención en algunas de las causas que dieron origen a las definiciones de “Conservadurismo” y “Fundamentalismo” en el ámbito religioso protestante, y así dar posibles respuestas a la interrogante principal.

El trasfondo de este análisis se deduce por los últimos acontecimientos, a raíz de la aparición por los medios de comunicación nacionales e internacionales autorizados (como TeleSur y RusiaToday), de entrevistas y programas documentales relacionados con la fe cristiana, la Biblia, etc.; por supuesto, de impacto en la opinión pública cubana de línea protestante-evangélica.

  1. Fundamentalismo evangélico.

Primero, definamos en síntesis qué es el Fundamentalismo, y después qué es el Conservadurismo. Ambos, desde el punto de vista social, son parte de movimientos que se han manifestado en el campo religioso, cultural y político, y de una manera u otra (malintencionada o no), los han relacionado. Pero lo que nos interesa aquí, es como lo podemos percibir desde el punto de vista evangélico, por causa de la confusión que ha generado recientemente. En el caso del llamado “Fundamentalismo evangélico”, tiene su origen a finales del siglo XIX en los Estados Unidos, como reacción al liberalismo teológico y a la llamada escuela de la Alta Crítica alemana. Hagamos una parada para explicar brevemente que esta tendencia de línea liberal-teológica, chocó con los conceptos tradicionales del cristianismo, debido a que, se caracterizó por nutrirse excesivamente de la Ilustración y toma de ella la confianza en la razón humana, el progreso científico, posteriormente el evolucionismo, y abrazó e incorporó las herramientas del criticismo histórico; moldeó de una manera u otra, hasta el día de hoy, el paisaje teológico del cristianismo europeo. Algunos de sus máximos exponentes históricos: David Friedrich Strauss, Albert Schweitzer, Pierre Teilhard de Chardin, Paul Tillich, Hans Küng, por solo citar unos pocos. Por supuesto, esta corriente teológica, afectó la percepción tradicional acerca de la Cristología, del texto bíblico como Palabra de Dios, la moral cristiana, y fue caldo de cultivo para otras teologías como la llamada “Teología Latinoamericana de la Liberación”, que abrazó lecturas marxistas de la sociedad. Pero volvamos a los que nos interesa. El Fundamentalismo evangélico, fue un término que se le acuñó originalmente a iglesias y grupos evangélicos, que reaccionaron precisamente a este movimiento liberal que se venía gestando desde el siglo XIX. Por ejemplo, este liberalismo cuestionó la historicidad de Cristo, como lo relatan los evangelios, haciendo una separación entre lo histórico y lo teológico; cuestionó la historicidad de los eventos de la Creación, el Diluvio Universal, lo patriarcas, el Éxodo, los milagros de Jesús, etc. Como reacción a estos postulados, renació un movimiento (que los propios liberales definieron como “fundamentalista”) que honró la Palabra de Dios y defendió la teología cristiana fundamental. Este movimiento consolidó las bases bíblicas e históricas del cristianismo, y generó intelectuales, predicadores, exponentes, instituciones, desde los más moderados, hasta los más radicales. Desde este marco histórico, surge el moderno movimiento pentecostal y carismático, que jugará un papel decisivo en el cristianismo mundial.

A medida que, fue desarrollándose los eventos que marcaron profundamente el siglo XX, como las dos guerras mundiales, el holocausto judío, las revoluciones sociales, entre otros, las consecuencias para la teología liberal fueron desastrosas. En gran medida, porque por sus presupuestos apegados a la idea del progreso y optimismo de la humanidad, se reflejaron materialistamente como insostenibles. También, la crítica desde otras corrientes teológicas, como la Teología Dialéctica de Karl Barth (1986-1968), fue decisiva. Por otra parte, generaciones de pastores y laicos formados en instituciones teológicas europeas, influenciadas por el liberalismo teológico, ha derivado en un declive constante del protestantismo histórico en Europa occidental. Es interesante la declaración al respecto del teólogo y ministro escocés David Robertson (1962), que expuso en un importante evento eclesiástico en el 2015 en su país, que: “la teología liberal está matando a las iglesias en Europa. Es un suicidio espiritual. El mayor problema es que algunas iglesias protestantes se están alejando de la opinión de que la Biblia es la Palabra de Dios”. La producción literaria de los exponentes liberales (salvo algunas excepciones), y sus seminarios más representativos, (en el caso cubano: el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, y el Instituto Superior de Ciencias de la Religión de La Habana) han tenido tan poco impacto en la iglesia cristiana, en gran medida, porque han desarrollado una formación teológica, para una iglesia prácticamente inexistente. Más recientemente, su vinculación a movimientos sociales de ultraizquierda y progresistas, sus apuestas por el liberalismo sexual, matrimonio igualitario, pro-aborto, los movimientos LGBTIQ+, y por cuanta idea que dinamite las bases judeocristianas de la civilización occidental. Reflejan con claridad el relativismo y la falta de fundamento de sus propuestas. Ridículamente, intentan manipular su autenticidad histórica, enarbolando banderas de justicia social, derechos humanos, e igualdad racial, como si estos fueran su patrimonio y propiedad exclusiva. Lamentablemente, han catapultado al movimiento ecuménico a un vacío histórico, al cambiar su visión. Por eso, quienes no comulgamos con estos estándares liberales, automáticamente, somos etiquetados despectivamente como “fundamentalistas”, por parte de los liberales más radicales. En el mapa del protestantismo evangélico latinoamericano, estos grupos son casi imperceptibles, salvo por su activismo político y capitulación ante sistemas políticos de tendencia ultraizquierdista. De ahí que, podemos avanzar hacia la otra definición.

  • Conservadurismo evangélico.

El movimiento conservador en el mundo evangélico, necesariamente no tiene sus orígenes en el llamado “fundamentalismo norteamericano”, aunque es indiscutible su relación histórica. El Conservadurismo es el sector que defiende los valores bíblicos, históricos, tradicionales, doctrinales, de la familia y de la sociedad. Ser conservador es apegarse a los fundamentos centrales de la fe cristiana, es proponer modelos de vida de acuerdo a la cosmovisión bíblica. Es desarrollar una hermenéutica Cristo-céntrica de la Palabra de Dios, es, en otras palabras, no ceder ante el liberalismo teológico. La teología conservadora evangélica constituye la reflexión teológica cuyo objetivo es glorificar a Dios, proclamar su Palabra, defender la vida desde la concepción y el diseño original de la familia. Es tener sentido de la importancia de la evangelización, de la necesidad de hacer discípulos convertidos. Es fomentar una educación cristiana de valores bíblicos tradicionales. Es ser voz profética ante el mundo, y no comulgar con intereses antibíblicos. Ser conservador, también es, respetar y amar a quien piensa diferente, es mostrar el amor de Dios a todos sin excepción. Es amar al pecador, aunque no al pecado. Es enseñar y no imponer, es edificar el bien y deshacer el mal. En otras palabras, defender la dignidad del ser humano de acuerdo a los principios eternos de la Palabra de Dios. El Conservadurismo es parte esencial del cristianismo evangélico, es la conexión histórica con el pensamiento protestante histórico antiguo, y a su vez, con el cristianismo primitivo. Somos descendientes espirituales, de grandes movimientos de Fe conservadores: Reformados, Calvinistas, Arminianos, Wesleyanos, Puritanos, Pietistas, en fin, una gran familia de protestantes y evangélicos, que marcaron profundamente a la civilización occidental. Incluso de aquellos que lucharon contra la opresión colonial, la esclavitud, y otras formas de opresión, como nuestros misioneros patriotas, Pedro Duarte, Alberto Díaz, Evaristo Collazo, Enrique Someillán y Aurelio Silvera. Porque un verdadero Conservador es, sobre todo, objetivo, es moderado, es patriota, y es equilibrado. Da el verdadero lugar a las ciencias, tanto humanas, como naturales, porque tener convicciones bíblicas e históricas no nos hace anticientíficos. En nuestras congregaciones, tenemos personas de todos los estratos sociales, de todos los niveles culturales, desde profesionales de todas las ciencias, hasta obreros, campesinos, y amas de casa.

  • ¿Fundamentalistas o Conservadores?

Dejemos claro que, cada individuo es libre de adoptar las ideas que estime conveniente, y asociarse con instituciones u organizaciones de su preferencia, siempre y cuando sea dentro del marco del respeto ajeno, y la responsabilidad democrática. Con este artículo no pretendemos posicionarnos radicalmente, ni marcar una actitud sectaria, sino más bien comprender nuestro trasfondo conservador, y expresar nuestro derecho legítimo a serlo. Si vamos al significado de Fundamentalistas, es una expresión de radicalismo extremo que, sobre todo, se da en una parte del mundo islámico y que ha provocado tanto daño, división, y destrucción en algunas de sus sociedades.  El fundamentalismo en el ámbito evangélico es un término que implica varios aspectos, de manera que, debemos tener cuidado de confundirnos como fundamentalistas, porque históricamente no lo somos, y este término ha evolucionado recientemente. Defiendo el criterio que la inmensa mayoría de los evangélicos cubanos no somos de corte liberal, sino más bien conservadores, no somos fundamentalistas, sino fundamentales. Hay movimientos de corte radical, que existen en todos los espectros ideológicos; desde grupos apoyados en lecturas manipuladas de la Biblia, hasta aquellos que ridiculizan la tradición cristina. Porque el fundamentalista no dialoga, impone.  Los liberales radicales, al no tener recursos objetivos para defender sus posiciones, acuden al subjetivismo, y desarrollan también tendencias fundamentalistas. Cuando llegan a esta etapa, son peligrosos, porque se sienten con las facultades legales para agredir a quienes no responden a su propia desviación teológica-moral.

  • Valoraciones finales.

Esta temática tiene, sin duda, muchas aristas y merece más atención por parte de teólogos y especialistas en el campo evangélico conservador cubano, especialmente en el metodista. Con este artículo solo abordamos aspectos muy generales, y contextuales a nuestra realidad. Tenemos que analizar el fenómeno actual de confrontación, desde miradas teológicas, políticas (no partidista), sociológicas, y filosóficas. También, evaluar aspectos del Iglecrecimiento, ampliamente reconocidos en el contexto cubano y latinoamericano, y muy utilizado por parte de teólogos de corte liberal para hablar del supuesto “peligro” que representa este avance. La dinámica social del protestantismo evangélico, y su impacto en la región, debemos de analizarlo con mirada crítica. Debemos también, profundizar en los Estudios Bíblicos, y en seguir facilitando herramientas para la hermenéutica bíblica, ya que esta es, junto a la oración, la mediación fundamental entre el creyente y el texto bíblico.

Los aportes del movimiento wesleyano, a la teología cristiana conservadora, y su impacto en la sociedad, son parte de los recursos a nuestro alcance, para continuar profundizando en nuestra misión. El trabajo del Rev. Enoel Gutiérrez, en su libro La ideología de Género y su impacto. Una respuesta bíblica desde la Teología Wesleyana, es un ejemplo de cuanto podemos hacer en el ámbito académico e intelectual. También, los trabajos académicos de otros autores evangélicos, debemos ponerlos a disposición del público para visibilizar las riquezas de nuestro pensamiento conservador. La unidad de una gran parte de los evangélicos cubanos, a través del proyecto de la Alianza de Iglesias Evangélicas Cubanas (AIEC) es otro factor importante que, sin duda, incorporará a otros actores evangélicos en el futuro, por ser una iniciativa que traerá enormes beneficios a nuestras comunidades cristianas.


Vice-Rector. Rigoberto Figueroa Yero. Máster en Teología.
Vice-Rector.
Rigoberto Figueroa Yero.
Máster en Teología.


  • 0

Una familia cristiana saludable, el reto para hoy

La familia contemporánea está enfrentando grandes y serias dificultades. Existe una tendencia de acomodamiento a lo que está de moda en la sociedad actual, llevándoles cada vez más hacia una desintegración moral. Este es un fenómeno real en la época moderna, por lo que los hogares cristianos hoy enfrentan un gran desafío.

Ante las profundas trasformaciones y los fracasos matrimoniales y de todo tipo que ocurren a nuestro alrededor, podemos preguntarnos si hay posibilidad de que exista una familia cristiana saludable. No hay otro libro que sea más práctico que la Biblia, para la orientación espiritual, ética y moral de nuestra vida. Por tanto, nada mejor que aplicar los principios bíblicos a la relación matrimonial, así como entre padres e hijos.

Desde el principio, el mandato de Dios al matrimonio fue la procreación y la administración. Dios, como arquitecto de la familia, comisiona a ambos para cumplirlo. Tanto el hombre como la mujer juegan un papel muy significativo en la relación y crianza de los hijos. De cada uno depende la salud familiar y en su conjunto, el verdadero cumplimiento de lo que Dios demanda de nosotros.

El reto de ser hombre, esposo y padre implica mucho esfuerzo, valor y sobre todo, amor. En cierta medida, muchos problemas que se generan en el hogar pudieran evitarse si el esposo cristiano ofrece el liderazgo necesario como cabeza del mismo. Este vínculo refleja la relación de Cristo y su Iglesia. Además, el marido tiene la responsabilidad de amar a su esposa, es ese amor sin condiciones ni demandas, el amor que sustenta y cuida. El hombre cristiano debe vivir sabiamente con su esposa, el apóstol Pedro insta al esposo a rendir honor a su esposa. Una parte implícita de su liderazgo consiste en no dejar de crecer, tanto intelectual, emocional, como espiritualmente.

El reto de ser mujer, esposa y madre es grandioso y portentoso, ya que Dios ha creado a la mujer en una altísima posición y con funciones particulares. El desafío es grande, pero con la ayuda del Señor se puede experimentar un hogar feliz, distinguido por la comunicación abierta y el amor. La mujer ha recibido de Dios dones maravillosos. Aunque no tenga hijos, su instinto materno se manifiesta por la clase especial de cuidados que brinda a todos aquellos que acoge bajo su techo. Su capacidad instintiva para establecer un hogar convierte ladrillos y mezcla en un refugio caluroso y alentador, apartado del mundo externo.

 En cuanto al placer y creatividad sexual en el matrimonio, es importante aprender a entender las diferencias de atracción y expresión sexual que existen en el hombre y la mujer. Cada uno debe aprender cómo satisfacer a su pareja, despojándose de todo deseo egoísta, para entregarse a una relación donde lo más importante es satisfacer a la otra persona. Cuando se produce este tipo de entrega, le aseguro que ambos serán plenamente satisfechos y su relación florecerá aun en tiempos de sequía.

Dios nos reta a experimentar la fe, a través de una vida completamente entregada. Es un desafío para los padres cristianos vivir ante sus hijos de manera genuina, aun cuidando de los más mínimos detalles. Para lograrlo, no hay nada más saludable que aplicar los principios bíblicos como marcadores en las relaciones de familia, sin llegar a la imposición legalista de los mismos. El propósito es que hagan uso de la palabra de Dios en términos prácticos. Por tanto, se hace necesario que cada familia ajuste sus normas conforme a los valores establecidos en las escrituras.

Como padres, también somos retados. Debemos mantener reglamentos claros y realistas en el hogar y dárselos a conocer a nuestros hijos, y a medida que estos van creciendo las reglas deben ser adaptadas. Resulta muy dañino para los adolescentes y jóvenes que sus padres les continúen tratando como niños, usando el mismo sistema de retribución y castigo.  Hay varios principios a seguir como parte del maravilloso y difícil reto de ser padres.

Es necesario que alabemos a nuestros hijos por su buena conducta. Para muchos padres es más fácil recordarle a su hijo en qué ha fallado, que darle alabanza por lo que ha hecho bien. En muchos casos, la amonestación constituye prácticamente el único medio de comunicación entre ellos. Esto trae consigo consecuencias negativas en la relación entre padres e hijos. Por otra parte, es necesario exigir el cumplimiento de las reglas de forma justa y consecuente. Ellos demandan y necesitan reglas firmes y límites seguros.

La meta de la disciplina es que se produzca obediencia, por tanto, no se nos puede olvidar expresar amor y aceptación rápidamente después de la corrección. Los hijos necesitan sentirse amados y aceptados por sus padres. También es importante que al crecer sean involucrados en las decisiones familiares. 

Seamos los mejores padres posibles para nuestros hijos, ofrezcámosle amor, y afecto, aceptación total, seguridad, cuidado físico y material, comprensión y una disciplina y corrección consecuentes. Tenemos una gran responsabilidad ante Dios y él nos va a calificar en esta tarea.

No podemos olvidarnos de la recreación familiar, ya que esta práctica puede llegar a tener un alto valor en la vida de los hijos, y fomentar en ellos la espontaneidad, la creatividad, además es importante para establecer patrones bíblicos. La recreación en familia no siempre requiere de dinero, pero sí un tiempo de calidad.

La oración, la lectura bíblica, el sentido de Cristo en nuestras vidas y toda clase de actividad espiritual nos proporcionan fortaleza y profundo contentamiento. Cuando hacemos de nuestro hogar un refugio de la presencia de Dios, confiándole y dependiendo de él en los asuntos personales y de índole familiar, crecemos y echamos raíces profundas en nuestra relación con él y con cada miembro de la familia. Al alcanzar este equilibrio, podemos considerar que sí se puede lograr el reto que hoy se nos impone, llegar a ser una familia cristiana saludable.  


Master en Familia. Aimet Rodríguez