¿Fundamentalismo o Conservadurismo? Una perspectiva evangélica cubana.

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Fundamentalismo o Conservadurismo

¿Fundamentalismo o Conservadurismo? Una perspectiva evangélica cubana.

En el primer momento, cuando analicé la posibilidad de escribir este artículo, quise titularlo: “Liberalismo protestante”, debido a que, la tendencia de definir (muchas veces de manera peyorativa) a grupos evangélicos con los términos de “fundamentalistas” o “conservadores”, viene precisamente de aquellos individuos que representan intelectual o religiosamente a teologías de corte liberal. Pero como el sentido de este artículo es más bien aclarar y no confundir, no quise dejar todo el espacio al fenómeno “protestante liberal”. De manera que, centraré mayormente mi atención en algunas de las causas que dieron origen a las definiciones de “Conservadurismo” y “Fundamentalismo” en el ámbito religioso protestante, y así dar posibles respuestas a la interrogante principal.

El trasfondo de este análisis se deduce por los últimos acontecimientos, a raíz de la aparición por los medios de comunicación nacionales e internacionales autorizados (como TeleSur y RusiaToday), de entrevistas y programas documentales relacionados con la fe cristiana, la Biblia, etc.; por supuesto, de impacto en la opinión pública cubana de línea protestante-evangélica.

  1. Fundamentalismo evangélico.

Primero, definamos en síntesis qué es el Fundamentalismo, y después qué es el Conservadurismo. Ambos, desde el punto de vista social, son parte de movimientos que se han manifestado en el campo religioso, cultural y político, y de una manera u otra (malintencionada o no), los han relacionado. Pero lo que nos interesa aquí, es como lo podemos percibir desde el punto de vista evangélico, por causa de la confusión que ha generado recientemente. En el caso del llamado “Fundamentalismo evangélico”, tiene su origen a finales del siglo XIX en los Estados Unidos, como reacción al liberalismo teológico y a la llamada escuela de la Alta Crítica alemana. Hagamos una parada para explicar brevemente que esta tendencia de línea liberal-teológica, chocó con los conceptos tradicionales del cristianismo, debido a que, se caracterizó por nutrirse excesivamente de la Ilustración y toma de ella la confianza en la razón humana, el progreso científico, posteriormente el evolucionismo, y abrazó e incorporó las herramientas del criticismo histórico; moldeó de una manera u otra, hasta el día de hoy, el paisaje teológico del cristianismo europeo. Algunos de sus máximos exponentes históricos: David Friedrich Strauss, Albert Schweitzer, Pierre Teilhard de Chardin, Paul Tillich, Hans Küng, por solo citar unos pocos. Por supuesto, esta corriente teológica, afectó la percepción tradicional acerca de la Cristología, del texto bíblico como Palabra de Dios, la moral cristiana, y fue caldo de cultivo para otras teologías como la llamada “Teología Latinoamericana de la Liberación”, que abrazó lecturas marxistas de la sociedad. Pero volvamos a los que nos interesa. El Fundamentalismo evangélico, fue un término que se le acuñó originalmente a iglesias y grupos evangélicos, que reaccionaron precisamente a este movimiento liberal que se venía gestando desde el siglo XIX. Por ejemplo, este liberalismo cuestionó la historicidad de Cristo, como lo relatan los evangelios, haciendo una separación entre lo histórico y lo teológico; cuestionó la historicidad de los eventos de la Creación, el Diluvio Universal, lo patriarcas, el Éxodo, los milagros de Jesús, etc. Como reacción a estos postulados, renació un movimiento (que los propios liberales definieron como “fundamentalista”) que honró la Palabra de Dios y defendió la teología cristiana fundamental. Este movimiento consolidó las bases bíblicas e históricas del cristianismo, y generó intelectuales, predicadores, exponentes, instituciones, desde los más moderados, hasta los más radicales. Desde este marco histórico, surge el moderno movimiento pentecostal y carismático, que jugará un papel decisivo en el cristianismo mundial.

A medida que, fue desarrollándose los eventos que marcaron profundamente el siglo XX, como las dos guerras mundiales, el holocausto judío, las revoluciones sociales, entre otros, las consecuencias para la teología liberal fueron desastrosas. En gran medida, porque por sus presupuestos apegados a la idea del progreso y optimismo de la humanidad, se reflejaron materialistamente como insostenibles. También, la crítica desde otras corrientes teológicas, como la Teología Dialéctica de Karl Barth (1986-1968), fue decisiva. Por otra parte, generaciones de pastores y laicos formados en instituciones teológicas europeas, influenciadas por el liberalismo teológico, ha derivado en un declive constante del protestantismo histórico en Europa occidental. Es interesante la declaración al respecto del teólogo y ministro escocés David Robertson (1962), que expuso en un importante evento eclesiástico en el 2015 en su país, que: “la teología liberal está matando a las iglesias en Europa. Es un suicidio espiritual. El mayor problema es que algunas iglesias protestantes se están alejando de la opinión de que la Biblia es la Palabra de Dios”. La producción literaria de los exponentes liberales (salvo algunas excepciones), y sus seminarios más representativos, (en el caso cubano: el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, y el Instituto Superior de Ciencias de la Religión de La Habana) han tenido tan poco impacto en la iglesia cristiana, en gran medida, porque han desarrollado una formación teológica, para una iglesia prácticamente inexistente. Más recientemente, su vinculación a movimientos sociales de ultraizquierda y progresistas, sus apuestas por el liberalismo sexual, matrimonio igualitario, pro-aborto, los movimientos LGBTIQ+, y por cuanta idea que dinamite las bases judeocristianas de la civilización occidental. Reflejan con claridad el relativismo y la falta de fundamento de sus propuestas. Ridículamente, intentan manipular su autenticidad histórica, enarbolando banderas de justicia social, derechos humanos, e igualdad racial, como si estos fueran su patrimonio y propiedad exclusiva. Lamentablemente, han catapultado al movimiento ecuménico a un vacío histórico, al cambiar su visión. Por eso, quienes no comulgamos con estos estándares liberales, automáticamente, somos etiquetados despectivamente como “fundamentalistas”, por parte de los liberales más radicales. En el mapa del protestantismo evangélico latinoamericano, estos grupos son casi imperceptibles, salvo por su activismo político y capitulación ante sistemas políticos de tendencia ultraizquierdista. De ahí que, podemos avanzar hacia la otra definición.

  • Conservadurismo evangélico.

El movimiento conservador en el mundo evangélico, necesariamente no tiene sus orígenes en el llamado “fundamentalismo norteamericano”, aunque es indiscutible su relación histórica. El Conservadurismo es el sector que defiende los valores bíblicos, históricos, tradicionales, doctrinales, de la familia y de la sociedad. Ser conservador es apegarse a los fundamentos centrales de la fe cristiana, es proponer modelos de vida de acuerdo a la cosmovisión bíblica. Es desarrollar una hermenéutica Cristo-céntrica de la Palabra de Dios, es, en otras palabras, no ceder ante el liberalismo teológico. La teología conservadora evangélica constituye la reflexión teológica cuyo objetivo es glorificar a Dios, proclamar su Palabra, defender la vida desde la concepción y el diseño original de la familia. Es tener sentido de la importancia de la evangelización, de la necesidad de hacer discípulos convertidos. Es fomentar una educación cristiana de valores bíblicos tradicionales. Es ser voz profética ante el mundo, y no comulgar con intereses antibíblicos. Ser conservador, también es, respetar y amar a quien piensa diferente, es mostrar el amor de Dios a todos sin excepción. Es amar al pecador, aunque no al pecado. Es enseñar y no imponer, es edificar el bien y deshacer el mal. En otras palabras, defender la dignidad del ser humano de acuerdo a los principios eternos de la Palabra de Dios. El Conservadurismo es parte esencial del cristianismo evangélico, es la conexión histórica con el pensamiento protestante histórico antiguo, y a su vez, con el cristianismo primitivo. Somos descendientes espirituales, de grandes movimientos de Fe conservadores: Reformados, Calvinistas, Arminianos, Wesleyanos, Puritanos, Pietistas, en fin, una gran familia de protestantes y evangélicos, que marcaron profundamente a la civilización occidental. Incluso de aquellos que lucharon contra la opresión colonial, la esclavitud, y otras formas de opresión, como nuestros misioneros patriotas, Pedro Duarte, Alberto Díaz, Evaristo Collazo, Enrique Someillán y Aurelio Silvera. Porque un verdadero Conservador es, sobre todo, objetivo, es moderado, es patriota, y es equilibrado. Da el verdadero lugar a las ciencias, tanto humanas, como naturales, porque tener convicciones bíblicas e históricas no nos hace anticientíficos. En nuestras congregaciones, tenemos personas de todos los estratos sociales, de todos los niveles culturales, desde profesionales de todas las ciencias, hasta obreros, campesinos, y amas de casa.

  • ¿Fundamentalistas o Conservadores?

Dejemos claro que, cada individuo es libre de adoptar las ideas que estime conveniente, y asociarse con instituciones u organizaciones de su preferencia, siempre y cuando sea dentro del marco del respeto ajeno, y la responsabilidad democrática. Con este artículo no pretendemos posicionarnos radicalmente, ni marcar una actitud sectaria, sino más bien comprender nuestro trasfondo conservador, y expresar nuestro derecho legítimo a serlo. Si vamos al significado de Fundamentalistas, es una expresión de radicalismo extremo que, sobre todo, se da en una parte del mundo islámico y que ha provocado tanto daño, división, y destrucción en algunas de sus sociedades.  El fundamentalismo en el ámbito evangélico es un término que implica varios aspectos, de manera que, debemos tener cuidado de confundirnos como fundamentalistas, porque históricamente no lo somos, y este término ha evolucionado recientemente. Defiendo el criterio que la inmensa mayoría de los evangélicos cubanos no somos de corte liberal, sino más bien conservadores, no somos fundamentalistas, sino fundamentales. Hay movimientos de corte radical, que existen en todos los espectros ideológicos; desde grupos apoyados en lecturas manipuladas de la Biblia, hasta aquellos que ridiculizan la tradición cristina. Porque el fundamentalista no dialoga, impone.  Los liberales radicales, al no tener recursos objetivos para defender sus posiciones, acuden al subjetivismo, y desarrollan también tendencias fundamentalistas. Cuando llegan a esta etapa, son peligrosos, porque se sienten con las facultades legales para agredir a quienes no responden a su propia desviación teológica-moral.

  • Valoraciones finales.

Esta temática tiene, sin duda, muchas aristas y merece más atención por parte de teólogos y especialistas en el campo evangélico conservador cubano, especialmente en el metodista. Con este artículo solo abordamos aspectos muy generales, y contextuales a nuestra realidad. Tenemos que analizar el fenómeno actual de confrontación, desde miradas teológicas, políticas (no partidista), sociológicas, y filosóficas. También, evaluar aspectos del Iglecrecimiento, ampliamente reconocidos en el contexto cubano y latinoamericano, y muy utilizado por parte de teólogos de corte liberal para hablar del supuesto “peligro” que representa este avance. La dinámica social del protestantismo evangélico, y su impacto en la región, debemos de analizarlo con mirada crítica. Debemos también, profundizar en los Estudios Bíblicos, y en seguir facilitando herramientas para la hermenéutica bíblica, ya que esta es, junto a la oración, la mediación fundamental entre el creyente y el texto bíblico.

Los aportes del movimiento wesleyano, a la teología cristiana conservadora, y su impacto en la sociedad, son parte de los recursos a nuestro alcance, para continuar profundizando en nuestra misión. El trabajo del Rev. Enoel Gutiérrez, en su libro La ideología de Género y su impacto. Una respuesta bíblica desde la Teología Wesleyana, es un ejemplo de cuanto podemos hacer en el ámbito académico e intelectual. También, los trabajos académicos de otros autores evangélicos, debemos ponerlos a disposición del público para visibilizar las riquezas de nuestro pensamiento conservador. La unidad de una gran parte de los evangélicos cubanos, a través del proyecto de la Alianza de Iglesias Evangélicas Cubanas (AIEC) es otro factor importante que, sin duda, incorporará a otros actores evangélicos en el futuro, por ser una iniciativa que traerá enormes beneficios a nuestras comunidades cristianas.


Vice-Rector. Rigoberto Figueroa Yero. Máster en Teología.
Vice-Rector.
Rigoberto Figueroa Yero.
Máster en Teología.


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que es la biblia

¿Qué es la Biblia?

Responder esta pregunta en una sola exposición es bastante difícil, porque hablar de la Biblia requiere de tiempo. Pero tratare de resumir en tanto me sea posible, con el fin de poder presentar una visión general de este libro sagrado.

Primeramente debemos iniciar por las generalidades y luego profundizar en el tema central que la Biblia presenta.

  1. Generalidades.

Partimos del punto que la Biblia es un conjunto de libros, de ahí su nombre el cual se deriva del vocablo griego “Biblion” que significa “libros”, o “royos”.

Es como tener una biblioteca en nuestras manos en un solo libro.

La misma está dividida en dos partes:

Antiguo Testamento o Biblia hebrea.

La primera parte le conocemos como Antiguo Testamento. Pero esta parte también es conocida como “Biblia hebrea”, que constituye el libro sagrado del judaísmo. En este contexto los judíos la llaman “Tanak” (también se puede escribir Tanaj) pues ellos la dividen en tres secciones:

La primera sección es nombrada “Torah” o “la Ley”: comprende los libros de la Ley de Moisés, al cual nosotros conocemos como “Pentateuco”: Génesis, Éxodo, Levíticos, Números y Deuteronomio.

La segunda sección es llamada “Navi’im” o “Profetas”, la misma se divide en dos partes, los “profetas anteriores” formado por: Josué, Jueces, 1-2 de Samuel, 1-2 de Reyes, y los profetas posteriores, compuestos por: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.

La tercera y última sección de la Biblia hebrea es los “Ketubim” o “Escritos”, formado por los libros de Salmos, Job, Proverbios, Rut, Cantares, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías y 1-2 de Crónicas.

Como podemos percatarnos el nombre “TaNaK” es la unión de las tres secciones T: Torah. N: Navi’im. K: Ketubim.

En el Antiguo Testamento o Biblia hebrea, se recoge una primer parte conocida como “historia primitiva” en los primeros 11 capítulos del Génesis, que nos pone al tanto de la obra creadora de Dios. Pero a partir del capítulo 12 de este libro se da inicio a la historia del pueblo de Israel. No es solo historia, y es que esto tiene que ver con la mentalidad del pueblo hebreo, el cual no separaba la historia de la teología, es decir de su fe.

A través de su lectura conocemos la formación y expansión del pueblo de Israel, también el desarrollo del profetismo, y la instauración de la monarquía, llevándonos por casi 16 siglos de historia. En el siglo IV a.C cerro el Antiguo Testamento con la profecía de Malaquías y finalmente los libros de Esdras, Nehemías y las Crónicas. Así se dio inicio al periodo conocido como “periodo del silencio”, que va desde el cierre de la profecía en el siglo cuarto antes de Cristo, a la llegada del Mesías, con el nacimiento del Señor Jesucristo.

Pero en este periodo de silencio ocurrió algo extraordinario. Alrededor del año 250 a.C, en Egipto un rey llamado Ptolomeo Filadelfos decidió convertir la biblioteca de Alejandría, en la más famosa del mundo. Mando a traducir las grandes obras de la antigüedad al griego y como era de esperar, la Biblia hebrea estaba entre esas grandes obras. Pidió al sumo sacerdote que enviara un grupo de rabinos o maestros judíos para emprender dicha tarea y así llegaron a Egipto unos 72 rabinos. Con la traducción de la Torah o Ley al griego surgió la versión de la Biblia llamada “Septuaginta” o “versión de los setenta” en alusión al grupo de eruditos que trabajaron en la misma. Posteriormente se tradujo el resto de la Biblia hebrea.

Antes de cerrar esta parte es necesario aclarar una posible interrogante.

Quizás algunas personas se preguntaran ¿Por qué la Biblia que usa la iglesia católica romana tiene más libros que la que usamos los evangélicos o protestantes?

La respuesta viene precisamente del lugar donde se tradujo la Biblia hebrea al griego, de Alejandría. Para el año 100 d.C, existían dos canon del Antiguo Testamento, uno largo, es decir con muchos libros conocidos como “canon alejandrino” que salía de la septuaginta. Y otro canon más corto, con menos libros que se llamaba “canon palestinense”.

Los judíos debían ponerse de acuerdo para decidir que libros serían los aceptados como literatura sagrada y dejar cerrado el Canon del Antiguo Testamento. Tras muchos años de estudio y discusión, reunidos en la ciudad de Jannia quedo cerrado el Canon del Antiguo Testamento con los libros que formaban el canon pelestinense. Precisamente una de las reglas para aceptar un libro con carácter canónico era que este no estuviese escrito en griego, solo en hebreo o arameo.

Entonces, respondiendo a la pregunta que quizás algunos pudieran hacerse, la diferencia es que el Antiguo Testamento de la Biblia católica romana está formado por el canon alejandrino, mientras que los protestantes o evangélicos usamos el canon palestinense que es el mismo de los judíos.

Nuevo Testamento.

La segunda parte de la Biblia es conocida como “Nuevo Testamento”, donde encontramos el cumplimiento de la profecía con la llegada del Mesías, y la formación y expansión de la Iglesia de Jesucristo.

El periodo de historia del Nuevo Testamento es corto, inicia con el nacimiento del Señor Jesucristo alrededor del año 4 a.C y culmina alrededor del año 90 d.C.

Similar al Antiguo Testamento el mismo inicia con su bloque central, es decir los Evangelios, 4 libros que recogen el ministerio terrenal del Señor Jesucristo,  presentando el fundamento en el cual se edificaría la iglesia. A los Evangelios se añade el libro de los Hechos, el cual es obra del mismo autor del Evangelio de Lucas, que muestra a los creyentes cumpliendo la ordenanza del Señor expandiendo el mensaje y así surge y se expande la iglesia.

Luego le sigue un bloque de cartas del apóstol Pablo a iglesias y personas. En el orden primero aparecen las cartas a las comunidades de fe y terminan con las cartas pastorales, enviadas a los discípulos del apóstol. Aunque en un inicio la obra de Pablo eran cartas dirigidas a selectos grupos o personas, al ser canonizadas pasaron a ser epístolas con un mensaje para toda la iglesia en el mundo.

El tercer grupo que presenta el Nuevo Testamento son las llamadas “epístolas universales”. Se le llama así porque las mismas van destinadas a toda la iglesia en el mundo.

Por último el Nuevo Testamento concluye con el libro de “Apocalipsis”, el cual está muy unido a los libros apocalípticos del Antiguo Testamento como Ezequiel, Daniel y Zacarías.

Como hemos visto hasta aquí, la Biblia muestra el surgimiento y expansión de dos grandes religiones: el judaísmo y el cristianismo. Tanto para judíos como para cristianos, la Biblia es un libro sagrado. Ella es la Palabra de Dios revelada a la humanidad.

Pero también la Biblia muestra gran parte de la historia de la humanidad. Por ello universidades, investigadores, estudiantes y en general, reconocen la misma como un libro necesario cuya lectura es imprescindible para alcanzar un mayor conocimiento de las culturas antiguas.

Los que sucede en aquellas personas que leen la Biblia y la ven solo como un libro de historia o poesía, es que terminan sin entender nada. Y la razón fundamental es que la Biblia por sobre todo es un libro de fe. Y solo quienes leemos la Biblia desde la óptica de la fe, podemos comprender su mensaje.

  • Tema central de la Biblia.

Esta segunda parte podríamos iniciarla con una pregunta:

¿Cuál es el tema central que presenta la Biblia?

¿Sera la historia de Israel?

¿Sera la historia de la iglesia?

La verdad es que si bien es cierto que la Biblia presenta la historia de Israel, su formación y expansión. Su relación con las grandes culturas del pasado como la mesopotámica, egipcia, caldea, persa y la griega. También encontramos en ella la historia de la iglesia, su formación y expansión por el mundo. Aunque todo esto está en la Biblia, la misma se centra en una historia que constituye el tema central. Esta historia que nace en el Génesis y no cierra la conocemos como la “historia de la salvación”. Y esa es la razón por la cual, aunque tengamos en nuestras manos una biblioteca formada por 66 libros, sin embargo, todos esos libros forman uno solo, porque todos encierran un mismo mensaje: “La historia de la salvación”.

Les invito a meditar en esto, lo cual es la parte central que da respuesta a la pregunta del tema ¿Qué es la Biblia?

Esta historia comienza en su inicio, los primeros capítulos del Génesis muestran a Dios creando todo cuanto existe. Así creo al ser humano, hombre y mujer. La sola afirmación “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gen. 1:1) deja por sentado que todo cuanto existe es la obra de nuestro Dios. Pero muy pronto lo creado se vería amenazado, esto es debido a la entrada del pecado y sus consecuencias. El ser humano creado por Dios pecó, y debido a sus actos quiso esconderse de su creador (Gen. 3:8) demostrando la actitud de los pecadores. El juicio declarado dejaría a la raza humana expuesta a enfermedades y muerte, así como al antagonismo entre los pecadores y su creador (Gen. 3:15). Pero en las palabras dichas por Dios en el propio jardín del Edén, nace un proyecto escatológico con el fin de salvar al ser humano pecador. Allí dio inicio la historia de la salvación que la llevaría al desenlace final con el sacrificio del Señor por la humanidad en la cruz.

Como se dijo anteriormente, la Biblia muestra la entrada del pecado y sus consecuencias. El primer mal que el pecado causó fue separar al ser humano de Dios (Gen. 3:23-24), la armonía que tenían en el Edén la perdieron. Una vez distante de Dios, el mal continúo separando a las personas y atacó la esencia de la sociedad, la familia. Con el fratricidio cometido por Caín contra su hermano (Gen. 4:10) se rompe la unidad familiar. Y finalmente termina separando a los seres humanos unos de otros como sucedió en Babel  (Gen. 11:5-9).

El auge del pecado llevó a la humanidad al borde de su extinción, cuando por medio del diluvio estuvo a punto de desaparecer (Gen. 6:5-8) pero en este texto encontramos una palabra la cual constituye el eje principal en la historia de la salvación, y es la palabra “gracia”. La salvación es por gracia, así cuando falto Abel, Dios le regaló otro hijo a Adam, al cual llamó Set (Gen. 4:25-26) y por medio de este hombre surge una descendencia bendita la cual es llamada en Génesis “hijos de Dios”.

Pero aun la descendencia bendita de Set muestra que tenían debilidades a causa de su condición humana, y en un momento sus descendientes querían formar parejas con la descendencia maldita de Caín (Gen. 6:1-2).

Un mensaje queda expuesto aquí y que más tarde Juan en su Evangelio lo mostrara, “la luz no puede unirse a las tinieblas”. Siglos más tarde cuando surgió el pueblo de Israel instituye la práctica de la endogamia, es decir el matrimonio dentro de su pueblo y no con extranjeros. Mensaje que de igual forma la Iglesia lo asumiera cuando en el Nuevo Testamento se expresara “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”.

Esta historia de la salvación se materializa cuando Dios decide formar un pueblo que sería el medio en el cual se desarrollaría el drama final. La formación de dicho pueblo inicia al llamar a un hombre en Mosopotamia alrededor del siglo XX a.C y lo envía con dicha misión (Gen. 12:1-3).

Entre líneas podemos leer que el proyecto de salvación lleva a una ruptura con el pasado, dejarlo todo atrás para emprender el camino de salvación. Lo hizo Abram, y siglos más tarde Jesús invita a sus seguidores a dejarlo todo y seguirlo.

Abram se convirtió en un errante, un nómada y por esta causa le pusieron por sobre nombre “El hebreo”, pues la palabra “hebreo” significa “errante”, “nómada”.

Con el cambio de nombre de Abram por Abraham sería el principal patriarca de este pueblo, de cuya descendencia llegaría el Mesías salvador. Así con la bendición que Jacob a quien Dios puso por nombre Israel diera a su hijo Judá, quedaba establecida la tribu de la cual descendería el Mesías (Gen. 49:8-12).

Las palabras de Jacob a Judá se materializan con el reinado de David en Israel (2 Sam. 5:3) y el pacto que Dios hace con él (2 Sam. 7:16).

Israel como pueblo de Dios en el transcurso de esta historia de la salvación enfrentaría grandes dificultades. En el año 922 a.C el reino se dividió en dos, el norte con la mayor cantidad de tribus conservando su nombre y el sur llamado “reino de Judá” buscaría conservar una fe más pura.

En el año 722 a.C el reino del norte es destruido por los Asirios y su gente desplazada. Años más tarde en el 586 a.C el reino del sur es destruido por los Candeos y llevado al exilio en Babilonia.

Este pueblo de Israel pasaría de un imperio a otro como un trofeo. Con la victoria de los persas este pueblo a quien ahora se le conoce con el nombre de “Judíos” regresa con el fin de reconstruir a Jerusalén y su templo.

En este periodo llamado “posexilio” toda la esperanza del pueblo judío esta puesta en la llegada del Mesías. Con El, la historia de la salvación llegaría a la meta.

El Nuevo Testamento presenta el cumplimiento de las promesas de Dios a la humanidad. El nacimiento de Jesucristo revive la esperanza no solo de Israel, sino, de toda la humanidad. Como bien dijo el Señor Jesucristo, Él es el pastor que guía su rebaño y es la única puerta para quienes quieren entrar a la salvación (Jn. 10:7-11)

En el Nuevo Testamento la historia de la salvación adquiere un mayor sentido, la misma no solo tiene que ver con el favor de Dios en la vida presente, sino que tiene un alcance escatológico, la misma se vincula a la vida eterna en gloria, y esto es posible por medio del sacrificio hecho por el Señor en la cruz (Jn. 3:16) de ahí que el tema de la “gracia” en el Nuevo Testamento adquiere una mayor connotación, pues se vincula a la vida eterna que es fruto de la salvación que ofrece el Señor.

Jesucristo es el autor de la salvación porque vino a este mundo para quitar el abismo que existía entre Dios y la humanidad. El Señor vino como Profeta, Sacerdote y Rey. Vino como Profeta, porque por medio de su Palabra nos revelo el camino a seguir. Como Sumo Sacerdote, porque dio su cuerpo en sacrificio por toda la humanidad. Y como Rey, porque instauro el Reino de los cielos aquí en la tierra y nos hizo participes de su gloria.

La Biblia nos muestra que la historia de la salvación inicia en Génesis, en el mismo principio y se cumple en la persona de Jesucristo. Pero esta historia no ha cerrado, pues su culminación está en la parusía o regreso del Señor a levantar su iglesia (Hch. 1:10-11) pues Él fue a preparar lugar para su pueblo (Jn. 14:1-4).

Pero no estamos solos, antes de partir el Señor prometió la presencia del Espíritu Santo para cuidar y guiar a su iglesia (Jn. 14:15-17) Y entre tanto que esperamos su regreso, nos llamó y comisionó para predicar el Evangelio a toda criatura (Mt. 28: 19-20) los cuales puedan alcanzar salvación.

Ante la  preguntan ¿Qué es la Biblia? respondo:

La Biblia es la Palabra de Dios dada para salvación del ser humano pecador.

Su mensaje llega a lo profundo de los corazones, por eso la Biblia como Palabra de Dios que es, es representada como una espada que penetra los sentimientos más íntimos del ser humano (Heb. 4:12) siendo parte elemental en la armadura del cristiano que cada día enfrenta los grandes retos al vivir en medio de una sociedad que quiere vivir lejos de Dios (Ef. 6:17).

Pero es a esa sociedad perdida donde la iglesia es enviada con un mensaje de paz, amor y reconciliación, por medio de la obra que el Señor hace en medio de su pueblo.

La Biblia es Palabra inspirada por Dios, aunque fue escrita por seres humanos como nosotros, ellos a través del tiempo fueron inspirados por Dios para poner por escrito su Palabra. Si alguien desea una prueba de la inspiración divina que tiene la Biblia, dicha prueba está en la capacidad que tiene este texto de inspirar a sus lectores.

La Biblia ha sido el medio que ha llegado a la vida de filósofos y políticos, de académicos y científicos, pero también a campesinos y amas de casa. Y sus vidas cambiaron para siempre, porque cada palabra de este libro sagrado viene del Dios eterno y su voluntad de salvar a la humanidad perdida.

La Biblia es fuente de luz y esperanza.


Rev. Javier Díaz, PhD.